La narrativa raptada
Este artículo fue publicado originalmente en La República. En él reflexiono sobre los riesgos de reducir la política a la lógica del carisma y la imagen, dejando de lado el análisis de propuestas y la deliberación democrática.
Artículo completo
El liderazgo costarricense atraviesa una crisis de comunicación: los que deberían explicar, callan; los que no entienden, improvisan; y los que gritan, dominan el relato. El país perdió su voz.
Vivimos en una sociedad hiperconectada. Nunca habíamos tenido tantos canales para hablar, y sin embargo, parece que cada vez nos entendemos menos. En cuestión de segundos, un mensaje viaja del WhatsApp al noticiero, de un tuit a la conferencia de prensa, del rumor a la “noticia”. Pero en medio de este ruido infinito, muchos de quienes deberían liderar el diálogo nacional —gerentes, ministros, diputados, presidentes— parecen haber extraviado la voz.
No es un problema de tecnología, sino de comunicación. Hemos confundido hablar con comunicar, y comunicar con publicar.
Ser líder hoy es mucho más que ocupar un cargo o firmar directrices. Es saber conectar con las personas, traducir ideas en mensajes claros y coherentes. Pero en Costa Rica, hemos caído en una peligrosa tendencia: la de creer que comunicar es adornar, justificar improvisar o gritar.
He conocido ejecutivos, políticos y figuras públicas con gran talento técnico que, frente a un micrófono, se desmoronan. No porque no sepan qué decir, sino porque no saben cómo decirlo. Y luego están los otros.
Los que ni siquiera saben qué decir, porque en el fondo no saben qué están haciendo.
Yo mismo, he vivido de cerca ese tipo de jerarcas: personas que ostentan el poder de decidir, pero no la claridad de entender. Que se sientan en la silla del liderazgo sin saber para qué están ahí, y que, naturalmente, tampoco saben comunicar lo que no comprenden.
Esa experiencia deja una gran lección: no hay nada más peligroso que un “liderazgo” desorientado con acceso al poder.
En medio de esa incapacidad comunicativa, nuestra narrativa colectiva —esa que históricamente fue conciliadora, democrática y profundamente costarricense— ha sido raptada. La ha tomado una narrativa SOES: Simplista, Oportuna, Emocional y Superficial. Una narrativa que no busca construir sino dividir, que no informa, sino que amplifica el ruido. Y lo ha logrado porque quienes deberían estar comunicando con claridad, coherencia y empatía han dejado vacíos.
Los vacíos comunicacionales son como los vacíos de poder: alguien siempre los ocupa. Y los han ocupado los discursos fáciles, los slogans vacíos, los mensajes viscerales.
Ni el sector público, ni el empresarial, ni el diplomático han escapado a esta anemia narrativa. Si hiciéramos una auditoría de imagen nacional, descubriríamos que casi todas las instituciones —desde los ministerios hasta las cooperativas— han perdido la capacidad de explicar con honestidad lo que hacen, lo que logran y también lo que no pueden lograr. Esa falta de claridad y de humildad comunicativa le ha abierto las puertas a otros relatos más agresivos, más ruidosos, más “vendibles”, pero menos verdaderos.
La falta de liderazgo comunicativo tiene consecuencias políticas y sociales profundas. La ciudadanía se desconecta, la confianza se erosiona, los mensajes se distorsionan. Y lo más grave: se pierde la posibilidad de construir sentido colectivo.
En Costa Rica, necesitamos una nueva alfabetización del poder: líderes que entiendan que comunicar no es manipular, sino traducir; que sepan que la palabra no es un arma, sino un puente. Que reconozcan que no basta con tener razón: hay que saber decirla.
Recuperar la narrativa costarricense implica formar líderes que comuniquen desde la empatía, la transparencia y la estrategia. Que entiendan que un país no se gobierna solo con decretos ni una empresa solo con números. Se gobierna con palabras, gestos y símbolos.
Porque mientras los que tienen algo importante que decir sigan callando —o improvisando—, el espacio lo seguirán ocupando los que solo saben gritar.
Y en un país donde todos hablan, pero pocos comunican, el silencio de los líderes se ha convertido en el ruido de fondo de nuestra democracia.
“No hay nada más peligroso que un liderazgo desorientado con acceso a un micrófono.”
https://www.larepublica.net/noticia/la-narrativa-raptada?
Sobre el autor
Carlos Quesada es politólogo y estratega en comunicación con más de 30 años de experiencia en comunicación institucional, diplomacia pública y estrategia de posicionamiento. Es director de Intuitiva Comunicaciones, firma especializada en comunicación estratégica, imagen pública y relaciones institucionales en Costa Rica.
Ha trabajado en organismos internacionales como la Delegación de la Unión Europea en Costa Rica, la Embajada de Estados Unidos y la Fundación Arias para la Paz.





Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!